La intención de intentar presentar "esto" me recuerda a cuando tuve que escribir la introducción del trabajo final de mi carrera (y los intermedios también). Estructurar, querer siempre empezar por el pricipio. El terror de la hoja en blanco, tratar de describir algo que todavía no tenés idea qué es. Pero pará, no hay "necesidad", esto no es la facultad, esto no es para otros. No es "para aprobar", para someter a examen. ¿Por qué todo en tu vida tiene que ser así?
Nunca me consideré buena para estas cosas, tampoco para muchas otras. Pero qué va, ya no me importa. No necesito ser una experta para hacer esto, tampoco para muchas otras cosas. Sólo tener ganas.
El tiempo me enseñó eso. Qué bueno que pase el tiempo, que cambie las cosas y que te cambie. Que se lleve personas y que traiga nuevas, que sorprenda. Aprendizajes que deja el tiempo. Qué bueno aprender. Qué bueno dejar, qué bueno soltar. Que buenos los comienzos, y también los finales, aunque duelan. Dar fin a los ciclos. Cerrar puertas, abrir ventanas. Salir, entrar. Renovarse, cambiar. Qué bueno estar vivo y sentir mariposas en la panza antes de hacer algo que nunca hiciste, el vértigo, tener miedo pero igual pegar el salto.
Volver a empezar es una celebración de todo eso. No garantizo constancia ni permanencia, ya no le encuentro razón (por suerte) a obligarme a hacer algo si no surge. Es una manera de regalarme un tiempo. Tiempo de hacer y deshacer. De desatar. De darme permiso de no saber qué
quiero y de elegir lo que realmente me hace bien, sin motivo, sin explicaciones, sin por qués.
Ni yo sé que hago acá. Mucho menos vos que estás leyendo esto. Simplemente es lo que quiero ahora.
En casa, a la siesta, suena Coldplay. Hace calor.
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